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miércoles, 27 de marzo de 2024

Se cumplen 67 años de esta esclarecedora carta de Juan Perón a John William Cooke.

 



Carta a John W. Cooke 27 de marzo de 1957


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Caracas, 27 de marzo de 1957


Señor Dr. D. John W. Cooke, Santiago.


Mi querido amigo:


Me imagino que estará en sus manos mi anterior remitida allí con el Capitán Barrara, a la que le adjuntara una carta que pocos días antes había dirigido al compañero Leloir en contestación a una suya que me había dirigido desde la cárcel de Buenos Aires por intermedio de otras personas. 


Desde hace tiempo tengo en mi poder un informe que me fuera remitido por el compañero Lagomarsino que desde la prisión ha seguido al parecer dirigiendo el Comando Peronista de la Capital. Tengo también el informe completo sobre el estado de la organización del Gran Buenos Aires y del interior pasado por G. 1. que hiciera recientemente un viaje de inspección y de organización. De la misma manera poseo informaciones de distinto origen referidas a nuestra situación y a la situación política general que se está viviendo en nuestra Patria.


Todo ello me ha inducido a hacer el adjunto mensaje para todos los peronistas, que trata de sintetizar la situación y aconsejar una conducta que debe seguirse en todo este período de alcahuetismo político que se está viviendo, en el que cada uno de los vivos que se sienten "vivos", luchan por sacar ventajas a base de falsedades y porquerías.


Sé bien que, tanto Frondizi, como Bengoa, Amadeo y compañía hasta dicen que están de acuerdo conmigo con tal de reunir un poco de gente; otros dicen que en su hora no tendrán inconvenientes en entrevistarse conmigo para obtener mi consentimiento en su favor. Esa es una táctica común en todos ellos y por lo tanto general hoy en los políticos que trabajan a la masa para las elecciones. Sin embargo, debemos considerar más peligrosos a los peronistas traidores que a los enemigos actuales. Es peor para nosotros un Saadi, Bramuglia, Austcher, Mercante, Castro, etc. que los que capitanean neo formaciones políticas radicales o clericales nacionalistas, etc. Y más peligrosos son los que aún se sienten dirigentes sin serlo y tratan por todos los medios de salvar la ropa aunque ya han perdido la vida. Me refiero a los dirigentes peronistas que en la cárcel se han reducido a observar buena conducta con la oculta intención de copar un día lo que han perdido definitivamente, sin embargo a algunos pueden engrupirlos.


En los diarios de la fecha, Frondizi —el enano más grande del mundo— se queja porque yo, copiándolo a usted, le he llamado así en un reporta de la Revista Elite de Caracas. Dice que yo sólo por infamia, puedo afirmar que él haya buscado contactos conmigo, pero yo no le voy a contestar, para no perder pólvora en chimangos, pues se ha entrevistado con muchos peronistas desde la revolución de los gorilas hasta nuestros días, además los mandó a Perina y a Insausti a Panamá y mandó también un mensaje con el mayor Vicente que lo recibió de manos de los mismos. Por otra parte usted sabe que Frondizi buscó siempre un acercamiento y hasta lo tuvo con usted si mal no recuerdo. Yo no lo quise ofender, al contrario traté de decir la verdad, en cambio él se ha descubierto solo.


Espero que tan pronto lleguen a Santiago me escriban para saber a qué atenerme. No olviden de hacerme saber quienes vendrán para tomar las medidas necesarias para la visa. De esto no deben hablar con nadie, limitándose a comunicarme por cable (con la dirección y nombre que allí le darán los muchachos) los nombres de los que debo gestionar la visa.


Les ruego que me hagan el favor de saludar a los muchachos compañeros, a quienes también les escribí a la mano con el compañero Barrena, quien llevó copia del mensaje a los compañeros peronistas que le adjunto y del que deben hacer allí la mayor impresión posible y pasarlo para nuestro país.


Un gran abrazo.


Pecinco


martes, 26 de octubre de 2021

Se cumpen 71 años de esta carta de Perón al Reverendo Padre Hernán Benítez

 Carta a Padre Hernán Benítez (26 de octubre de 1950) 



Escrito por Juan Domingo Perón. 


R. P. Doctor Hernán Benítez


Mí querido amigo:


Hoy recibí su amable carta y me apresuré a contestarla con todo mi agradecimiento por su afectuosidad y atinadas reflexiones y consejos. A usted, que es un amigo leal y sincero, puedo decirle las cosas como son, sin callar –como lo hago de costumbre- para evitar decir obligadamente "la primera mentira". Todo se arregla mejor con rudas verdades que con débiles argumentos.


Me decidí a tomar estas vacaciones, quizás las primeras efectivas desde que estoy en el gobierno, por causas para mí fundamentales:


1° El estado de salud de mi señora, cuyos glóbulos rojos hace ya largo tiempo están por debajo de lo normal y sin reacción favorable.


2° Porque tampoco yo estoy muy bien aún cuando la apariencia pueda disimular. Estoy cansado, sobre todo de cansancio psíquico, y un poco asqueado.


3° Porque, además, juzgué oportuno alejarme un tiempo para que me dejen tranquilo con un sinnúmero de estupideces juegos políticos que, fuera de la política, están realizando algunos aprovechados pertenecientes a todos esos sectores que hacen política híbrida sin tener el valor de confesarlo, incluso algunos elementos católicos.


4° Porque creo que ha llegado el momento de sustraerme o, por lo menos, de no prodigarme, especialmente donde no encuentro verdades para creer.


5° Porque no soy hombre de prodigar falsas amabilidades a quienes no debo sino desatenciones y hasta groserías.


Por todo ello he dispuesto que el gobierno, presidido por el vicepresidente Doctor Hortensio Quijano, actúe de manera oficial prestando toda su cooperación para el mayor brillo del Congreso Eucarístico de Rosario. De manera que en todo ello sea sustraída mi persona. He llegado a persuadirme de que es lo único que no resulta grato a algunas personas. Con ello cumplo como cristiano y católico sin producir inconvenientes.


Yo tenía la decisión de asistir; pero los médicos me apuraron con la enfermedad de la señora y, además, aprecié que mi presencia allí no sería grata, razón por la cual traté de arreglar el asunto como lo digo antes, pues no soy persona acostumbrada a meterme donde no sea grato.


En cuanto al Cardenal Legado S.E. Monseñor Ruffini, tenía decidido recibirlo personalmente. Pero como él había prometido llegar a Buenos Aires el día 16 de octubre y, luego, postergó su arribo para el 19, todos mis planes se trastornaron, y decidí iniciar mi descanso previsto, sin esperarlo más.


Por lo demás, he observado por parte del Vaticano una conducta poco clara e indiscreta. Usted sabe que mi gobierno está allí "en cuarentena", según nuestras noticias. Pero esto no es todo: según nos informó el embajador Arpezani a su regreso de Roma, el Papa personalmente le había manifestado que nuestro gobierno era de corte totalitario. El propio ministro doctor Paz lo escuchó, asombrado como yo, no por la afirmación, sino por la indiscreción.


Yo soy hombre tranquilo y humilde, pero el presidente de la República no. Por eso hicimos llegar al Vaticano nuestro desagrado. Pero, según parece, éste no llegó sino a monseñor Montini, y sin recibir nosotros ninguna satisfacción. Yo olvido todo; pero el presidente de la Nación no puede ni debe olvidar...


Es indudable que todo ello tiene que ser labor de informaciones e intrigas planeadas y dirigidas desde acá; pero alarma la falta de seriedad, prudencia y discreción de allá.


En cuanto al asunto de los espiritista es una cuestión que yo conocí después de ocurridos los hechos. El telegrama es el usual que la Casa Militar manda en todos los casos, según me informan. Usted sabe que esto es mecánico: casi "formulario N° 3", como dicen allí. Por otra parte, no es asunto de gobierno sino policial. No creo que sea cuestión "de guerra" que cuatro locos espiritistas, que no son tomados en serio en ninguna parte del mundo, se reúnan en local cerrado para decir cuatro sandeces.


El gobierno trata a esos locos como a todos los demás "locos sueltos", que los hay a montones siempre que no representen peligro para los demás. Lo que resulta difícil de explicar es que se aproveche esto para alterar el orden, sacando a los chicos de los colegios para armar escándalo; y que el Episcopado, tan silencioso otras veces, sea para ello tan decidido y bullanguero.


En fin, querido padre Benítez, ¿qué he de decirlo yo a Usted de estas cosas? Me queda la amargura de pensar que yo, justicialista, he podido unir al Pueblo con la fe peronista sin inconvenientes; y que yo, católico, como no ha sido ningún presidente argentino, no encuentro en la Iglesia sino malos procedimientos y mala fe para unir a los argentinos en la fe de Cristo.


Muchas gracias por todo y recuerdo sus proféticas palabras de 1945, cuando me dijo: "Dios conserve su fe católica...". Hoy las siento verdaderamente proféticas. Creo que muchos de los males estriban en el hecho de haber yo pretendido hacer de buena fe más de lo que políticamente y por especulación me convenía hacer en lo referente al bien de la Iglesia. No estoy arrepentido de ello, pues yo respondo sólo de mi conciencia; los demás responderán de la suya.


Mí querido padre Benítez, muchas gracias y un gran abrazo hasta mi regreso en que lo refirmaré personalmente.


Juan Perón


miércoles, 6 de noviembre de 2019

Hace 63 años Perón le escribía esta impactante carta al Reverendo Padre Hernán Benítez





Carta a Hernán Benitez 6 de Noviembre de 1956

Escrito por Juan Domingo Perón.

Caracas, 6 de Nov. de 1956


Contesto su agradable carta del 29 de septiembre pasado y tengo el agrado de retribuirle su gentil saludo con uno lleno de todo mi afecto y mi recuerdo.Veo, por su carta, que todo comienza a aclararse, tan pronto han comenzado a disiparse las lagunas de la calumnia y de la infamia, acumuladas sobre hombres que cumplieron un deber, como lo entendieron, con las fallas consubstanciales a su condición de hombres y también con las pocas virtudes que nos es dado mostrar. Estos, nos están haciendo mejorar, de acuerdo con el viejo aforismo castellano: "atrás mío vendrán, los que bueno me harán". Me agrada saber que la Iglesia comienza a darse cuenta de lo que ha hecho.

Yo estoy conforme con mi conducta. No sé si muchos podrán decir lo mismo. Pero poco me importa eso, desde que ellos responderán de su conciencia, como yo respondo de la mía. He aprendido tres cosas en mi vida, que me han servido siempre: a ver las cosas como son, a mirar los peligros de frente y a responder sólo a mi conciencia. Por eso hoy puedo decir la verdad de frente y en el futuro la podré decir mejor, porque entonces, ya muchos la habrán comprendido, y, sufrido, que es la mejor manera de comprenderla.

He recorrido casi todo el Continente Latinoamericano y he podido apreciar cómo se ha encarnado el Justicialismo aquí. En ese viaje me he convencido de que, luchar por los humildes, si bien tiene sus sinsabores, tiene en cambio, extraordinarias satisfacciones. No imaginaba nunca tener tantos amigos en todas partes. Los brasileños, los paraguayos, los venezolanos, los colombianos, los chilenos, los bolivianos, los panameños y hasta los negritos jamaicanos y los "chombos" del Canal, han rivalizado para hacerme la vida agradable y placentera donde haya llegado. Uno se concilia así con la vida y con los hombres.

Hoy estoy más convencido que nunca que no equivoqué mi vida, cuando la dediqué a servir a los humildes. Creo firmemente que, el tener un ideal y servirlo, es la base de la felicidad, que se encuentra más en el sacrificio y el trabajo Que en ninguna de las otras formas de satisfacción. Las horas, como los cántaros, cuando están vacías, no tienen valor alguno pero, las horas, como los cántaros, cuando se los llena, pueden llegar a tener un valor incalculable. Llenar las horas con un ideal es valorizar las horas. El hombre que no tiene un ideal para servir, no merece la vida, como no nace el hombre que escapa a su destino. Muchos grandes hombres han pasado desapercibidamente por ia vida porque no tuvieron un ideal que servir y muchos pobres hombres fueron grandes porque la dedicaron a ese ideal. Yo pertenezco a los segundos: un pobre hombre a quien una causa ha hecho grande, y "no se puede ser grande impunemente". Ahora, es necesario saber soportar virilmente los golpes del destino. También gozar de las satisfacciones que el alma proporciona.
£n los tiempos y en el mundo en que nos ha tocado vivir, nada hay tan peligroso como decir la verdad y defender la justicia. Sin embargo, nada hay tampoco tan honesto como hacerlo. Los simuladores y los calumniadores que pretenden justificar su conducta en la mala conducta de los demás, pierden su tiempo, porque la mentira tiene las piernas cortas. Los que pretenden crear una realidad a base de falsedades se equivocan, porque, afortunadamente, la realidad es siempre la verdad. Podemos decir una mentira, pero no podemos hacer una mentira. Toda la infamia que estos falsarios han desparramado sobre nuestros hombres, no justificará jamás las infamias que ellos están cometiendo, desde que el mal de los demás no explica jamás el propio mal. En cambio, cuando se descubra la superchería, ellos habrán agregado una infamia más a todas sus infamias. De cualquier manera, prefiero estar en mi "pellejo" y no en el de ellos.
Sé que estos malvados, como un tropel de bárbaros, están cometiendo toda clase de atrocidades. Ello sólo demuestra la verdad de todo cuanto dijimos nosotros porque, nadie pretenderá demostrarnos que se han vuelto canallas de repente. El error nuestro estuvo en no haber comprendido la verdad a su tiempo y en haber pretendido desconocer las lecciones que la histo­ria contiene a lo largo de todos los tiempos. Pero nada llega demasiado tarde, cuando se saben aprovechar las enseñanzas. Creo que a nuestro Movimiento, este terrible azote le ha hecho un bien incomparable: le ha demostrado la realidad que, desgraciadamente no se penetra, profundamente, sino con dolor y sacrificio.
Nuestra doctrina necesitaba la prueba del ácido y creo que la ha resistido y ha triunfado. Eso es lo que ahora interesa. Nuestra gente está en la lucha, firme y leal, como en sus mejores tiempos. Hay un poco de temor. Los pueblos, decía Eva Perón, no están formados sólo de Santos y de Héroes. Sus debilidades también muestran sus grandezas.
Si algunos dirigentes peronistas defeccionaron en la derrota, en cambio muchos millones de peronistas leales permanecieron firmes en la defensa de la causa. La Caída ha servido para purificar el Movimiento, intensificarlo y extenderlo, los malos y los incapaces se han eliminado, para pasar a "merodear" entre los "gorilas". La realidad es que la masa ha superado a los dirigentes. Este es el hecho más característico del momento actual argentino y quien no lo perciba está condenado irresistiblemente al fracaso. Tiene la fuerza de un oleaje, tal vez lento, pero irresistible. Su fuerza, como una conmoción subterránea, es notada por todos, pero no todos advierten su origen y su trascendencia. Es que, paralelamente a la reacción sangrienta y usurpadora de la revolución del 16 de setiembre, luego del primer momento de asombro y atonía del pueblo, fue surgiendo "desde abajo" un estado de insurrección popular con características, modos y procedimientos inéditos en la historia nativa y cuya comprensión y proyección escapan, desde luego, a las mentes habituadas únicamente a los procesos conocidos, e incapaces, en consecuencia, de captar los hechos nuevos.Este estado inédito de las masas, lógicamente, no podrá ser manejado ni contenido con los métodos clásicos. He aquí la razón porqué los viejos dirigentes, tanto políticos como gremiales, cualquiera sea el bando en que actúen, o son incapaces o han sido desplazados. Así se explica también que la totalidad de los dirigentes que real y efectivamente se encuentran ahora a la cabeza de las nuevas formaciones peronistas y trabajadoras insurreccionales, son casi todas figuras que actuaban en segundo plano. Ellos también han surgido "desde abajo". El origen del estado actual es la obra de "politización" que la doctrina peronista ha realizado en las masas populares. Nada hay más anacrónico en los planteos y las posiciones de algunos jerarcas y antiguos dirigentes desconectados en absoluto del sentimiento popular y del "hecho nuevo" que no han podido captar, ni ver, ni comprender.

La fuerza del peronismo radica en que, su línea intransigente, frente a unos y a otros, está en la propia naturaleza del desarrollo histórico, en tanto las otras tendencias sólo viven y pueden obrar en el plano estrictamente político. Sus éxitos sólo pueden ser éxitos políticos, sin la gravitación ni la permanencia del quehacer histórico. Y, por ser éxitos meramente políticos, su signo en el tiempo y en el espacio, es la fugacidad. El quehacer político sólo puede adquirir vivencia cuando tiene como sustento la línea histórica. En épocas de normalidad, es fácil confundir la importancia del hecho político que adquiere así falsamente categoría permanente, pero existen períodos de la vida nacional en los que está en juego su propio destino, en que el quehacer histórico es el dominante. Estos períodos están señalados por la presencia de los "hechos nuevos".

Por eso, los antiguos dirigentes gremiales, políticos y militares, cualquiera sea el bando en que actúan, están fuera de la proyección histórica: los del elenco de la tiranía, por la propia naturaleza de su proceso están condenados irremisiblemente; el conglomerado político, por su parte, en cuanto a dirigentes, ha sido superado por la dialéctica de los hechos. En definitiva, puede asegurarse, sin dogmatismos ni prejuicios, que unos y otros no han percibido las condiciones en que se está desarrollando este momento de la vida nacional. Tanto es así, que todos ellos, los católicos nacionalistas en sus varios matices, los neoperonistas (de peronismo sin Perón), los bengoístas y los grupos militares detrás del último golpe de estado, constituyen simplemente la réplica y el reverso, pero con los mismos módulos del elenco de la tiranía. Es natural entonces que, a los medios y procedimientos de la tiranía, opongan el arbitrio simplista del manotazo militar, del golpe de estado. Un recurso que, además de no ser precisamente infalible, tiene el grave inconveniente cuando fracase, de provocar y explicar las medidas más extremas de la reacción e imponer al pueblo una terrible contribución de sangre. Pese a sus características bélicas, el golpe de estado, sin embargo, no deja de ser un procedimiento político. En esta hora argentina, sólo la insurrección nacional es el hecho histórico.

Esta situación comienza, sin embargo, a ser penetrada por algunos equivocados que se apresuran a "mojarse en aguas del Jordán" y así llegan todos los días noticias de los que quieren tomar contacto con nuestros comandos internos y externos a fin de seguir las directivas generales que reglan la conducta de todos con unidad de acción.

Algunos dirigentes, como la Junta de Emergencia de la C.G.T. que actualmente trabaja en el campo gremial, creen que es posible actuar por su cuenta en la defensa de los intereses profesionales y sindicales. Su situación es en extremo difícil. Es indudable que su posición es aleatoria frente a la tiranía y frente a la masa. A la primera porque estará siempre sindicada como peronista y a la segunda, porque actuando con los enemigos estará siempre sospechada de falsa en su posición con respecto al Movimiento Peronista que actúa en franca rebelión. Yo comprendo la posición de la Junta pero dudo que los demás la comprendan igual. En este momento la masa peronista se encuentra organizándose en la clandestinidad con fines de insurrección en todo el país. Su posición es firme y aun los que no se encuentran ligados a los organismos clandestinos, se sienten inclinados a la resistencia, esperando lo que irremisiblemente ha de ocurrir. Poco a poco se van coordinando las acciones y las nuevas formaciones en todas partes, en las que prima la decisión de actuar en el sentido insurreccional.

Algunos "angelitos" piensan en la posibilidad de la "pacificación" nacional, pero sus móviles no son los que persigue el pueblo que sólo anhela soluciones definitivas y, estas soluciones definitivas, no pueden venir en forma alguna cediendo terreno a las imposiciones de los partidos políticos que, en último análisis, fueron los reales culpables de los fusilamientos y las masacres de obreros y ciudadanos. Yo también era pacifista hasta el 9 de junio pero, después de los crímenes cometidos por los tiranos, apoyados por los partidos políticos, ya no tengo una esperanza que esto se pueda solucionar sino en forma cruenta. El odio y el deseo de venganza que estas alimañas han despertado en el pueblo, saldrán algún día a la calle convertidos en fuerza motriz y sólo después será posible pensar en pacificación y unidad del pueblo argentino. Pensar de otra manera es desconocer la historia y sus valiosas lecciones. Por eso, estar hoy fuera de la posición insurreccional es estar fuera del panorama real que vive el país y de toda proyección histórica. Las consecuencias de esta falsa posición, para un dirigente, no pueden ser otras que el repudio de la masa y la pérdida total de su predicamento.

Yo veo coincidir las necesidades nacionales, los objetivos del pueblo y el estado anímico de las masas y, cuando estas tres circunstancias son coincidentes, no hay fuerza capaz de torcer los acontecimientos. Será dura la lucha y quizá larga, pero debemos evitar que se "cicatrice en falso", porque las consecuencias finuras serán mucho peores. Hay que hacer el sacrificio a tiempo porque, con el tiempo, los sacrificios se multiplican, desde que la violencia en los acontecimientos está siempre en razón directa de su tiempo de gestación. Por eso, hay que apurar un desenlace violento, aunque ello parezca un poco cruento, porque peor será si se espera. Por eso creo que el pueblo tiene razón.

Les he dado una organización, una doctrina y una mística, durante once años he "politizado" las masas. Los he preparado para la lucha contra la reacción y les he indicado el camino para hacerlo, a través de las grandes reformas. Ahora le queda al pueblo no equivocarse en las formas de ejecución y tener las decisión necesaria para triunfar. Se enfrentan: la reacción (apoyada por las fuerzas militares, eternas enemigas del pueblo) con el pueblo mismo. Las fuerzas, mediante la represión violenta, impondrán despojos al pueblo, hasta conseguir los objetivos impuestos por la reacción. Frente a eso el pueblo, debe decidir su actitud, sin olvidar que nuestra revolución es lo permanente y la reacción sólo lo circunstancial. Si la actitud es contemplativa, lo perderá todo y deberá en el futuro, como antes, trabajar para que gocen los oligarcas y los capitalistas, mientras los trabajadores deberán debatirse en la miseria, en el dolor y en el sacrificio estéril. Si, en cambio, es activa y combativa en extremo, los reaccionarios y las fuerzas que los sirven deberán pensar si no les conviene transar, para evitar que la ruina los arrastre también a ellos, que son los únicos que tienen algo que perder. Una actitud decidida del pueblo es lo único que puede salvar a los trabajadores de una ruina segura, en medio de la abundancia. ¿Si el pueblo hace esto, cómo los trabajadores podrían tener una actitud contemplativa? Las Directivas e Instrucciones del Comando Superior Peronista, son bien claras. Si se cumplen, se llegará a una solución mucho antes de lo que se piensa. Si no se cumplen, los trabajadores tendrán que lamentarlo toda la vida, pero será demasiado tarde.

La garantía de que nuestras fuerzas se mantengan cohesionadas está precisamente en que se las mantenga en la lucha activa todo el tiempo. No comparto la idea de que para mantener las organizaciones debemos mantenerlas alejadas de la lucha activa, porque así lo que ganarían en integridad material lo perderían en integridad moral. Es lo que les pasó a los alemanes en la Primera Guerra que, por salvar en Kiel su escuadra, terminaron perdiendo la guerra y los barcos.

No por pasión, sino por reflexión, debemos buscar por todos los medios que la solución salga por el lado de la insurrección nacional. Algunos temen el caos, pero olvidan que las revoluciones como la nuestra, parten siempre del caos. Luego tenemos que provocarlo, en vez de temerlo. Esa será la única ocasión en que el pueblo pueda tomar las cosas en sus manos y cobrar la cuenta, sin lo cual habrá anarquía, lucha y sangre para un siglo. Yo cometí el error de no entregar las armas al pueblo cuando debí hacerlo porque, como usted, creí que estos bandidos no lo eran tanto, de lo contrario hubiera evitado muchas vidas perdidas, muchos sufrimientos y mucho salvajismo.

Total, a éstos o los cuelga el pueblo justicialista y termina el asunto o deberemos esperar un poco para que los cuelguen los comunistas. Ellos pueden elegir, pero su destino está ya marcado. Si no observemos cómo va el mundo. Toda esta inmensa convulsión que presenciamos nos dice algo. Es que se está dilucidando el signo que ha de presidir al Siglo XXI. En la lucha entre las "democracias" imperialistas del Siglo XIX y las "democracias populares" del Siglo XXI. Como la historia no marcha para atrás, es fácil deducir que a esas "democracias populares" las haremos nosotros o las harán los comunistas. El desarrollo de las acontecimientos parece dar la razón a esta idea. Recuerdo que en la primera mitad del Siglo XX, que he vivido en su totalidad, ha sido fructífera en esta clase de enseñanzas. Hace cincuenta años, el comunismo en el mundo, se reducía a un teórico y cuatro o cinco agitadores. Ellos lanzaron al mundo el rebaño de los socialistas para destilar la doctrina marxista. Así lo hicieron pero, como rebaño que eran, se quedaron a comer, donde encontraron buena comida. Esa fue una ventaja pero, los comunistas ni lerdos ni perezosos, en la Tercera Internacional les ajustaron las cuentas y se quedaron sólo con los que no se habían convertido en amarillos. Ya al terminar la Primera Guerra, esos cuatro o cinco agitadores, hicieron la Revolución de 1917 y ya el comunismo eran 200 millones de rusos con 28 millones de Km2 de territorio. Durante el interregno entre una y otra guerra el Komitern primero y el Kominform luego, se encargaron de esparcir la semilla comunista activa en todo el mundo. Vino la Segunda Guerra y el resultado ha sido que de los 3.500 millones de habitantes que tiene, aproximadamente, la Tierra, los comunistas dominan o dirigen a unos 2.500. Para verlo, sólo un rápido cálculo: 200 millones de letonios, estonios, lituanos, polacos, alemanes, húngaros, austríacos, rumanos, búlgaros, checoeslovacos, yugoeslavos, que les entregaron entre Roosevelt y Churchill que, con los 200 millones de indochinos, polinesios, vietnameses, etc. que con los 800 millones de hindúes hacen otros mil millones y 500 millones entre árabes y nordafricanos, son el total 2.500 millones. Si esto sigue así (y los acontecimientos de Medio Oriente lo confirman) antes de diez años el mundo será comunista. No creo que los americanos del norte lo puedan evitar.

Quien sabe si será del todo malo, ya que peor que los que hemos soportado durante los últimos siglos, no pueden ser. Nosotros, desgraciadamente, no estamos en condiciones de decidir, porque aún por muchos siglos el destino del mundo se decidirá en el Volga o en el Rhin y no en el Missisipi, en el Orinoco, en el Amazonas o en el Río de la Plata. De algo valen todavía los cuatro mil años de cultura de la vieja Europa. Solo nos quedará el recurso de tratar de vivir, como lo hemos hecho hasta ahora. La situación no cambia, sólo cambiará el patrón. Pero, ese patrón será el que deba colgar a nuestros oligarcas, si se escapan ahora del pueblo argentino justamente indignado. Yo habría querido salvarles el pescuezo pero han sido tan brutos que no lo merecen. La fortuna les tendió la mano y fueron tan torpes que ni siquiera atinaron a asirse.

En esta evolución, la Iglesia también tiene su parte, que no escapará a la suerte de los oligarcas y capitalistas con quienes prefirieron estar, abandonando al pueblo que debe ser su preocupación fundamental. No es que el pueblo abandone a la Iglesia, sino que la Iglesia ha abandonado a los pueblos. Eso es lo trágico. Ninguna amenaza pesaría sobre su destino si se hu- bicra cumplido la doctrina de Jesús. Por apartarse de ella es que las acechanzas nacieron y por disfrutar de la buena vida burguesa es que se desviaron de la palabra divina, prefiriendo gozar a cumplir su sagrado sacerdocio, que es lo único que hace invencibles a los hombres, porque los acerca extraordinariamente a Dios. En la Argentina y en el mundo, el panorama de la Iglesia ha sido el mismo, el mismo será su destino. Dios quiera que el arrepentimiento no llegue demasiado tarde, porque todavía se está a tiempo de salvar "la ropa". Veo que Roma modifica sus errores anteriores. Se ha impartido la orden de no atacarme más. Cuando llegué aquí era inconcebible el ensañamiento de que hicieron gala todos los representantes de la Iglesia. Esgrimieron toda clase de calumnias, infamias y diatribas para perseguirme. Los diarios clericales de todo el mundo fueron implacables en sus insultos y en sus calumnias.

Yo aguanté impasible sus andanadas de diatriba pensando éstas son tributos que se le rinden a un mérito o un valor. Tenía razón, luego no tenía necesidad de insultar a nadie, conocía la verdad y no tenía por qué mentir. Sabía que ellos cumplían órdenes, yo no tenía órdenes que cumplir. En mis reportajes jamás hablé de ellos. Si me preguntaban los eludía. Me interesaban los sucesos, los hombres eran meros instrumentos del destino, a mí me interesaba el destino. Así murieron poco a poco y, sin duda, la vergüenza debió vencerlos. Imagino que hoy les remorderá la conciencia el mal que hicieron y la falta que cometieron al hacerlo. Yo, en cambio, hoy como ayer, en ese sentido, no tengo nada de que arrepentirme y, además, he aprendido a perdonar.

La canalla dictatorial que azota al pueblo y entrega a la Patria tendrá su merecido. Siempre he sido un convencido que los que proceden mal sucumben víctimas de su propio mal procedimiento. No los salvarán sus mentiras, ni sus calumnias, ni sus simulaciones, porque el pueblo argentino ha aprendido a discernir por sí. Tampoco nadie podrá torcer el curso de los acontecimientos.

Hace un año, en el libro de combate que escribí "La Fuerza es el Derecho de las Bestias", en una gran síntesis, pude deducir cuanto ha ocurrido, pues conocía los asuntos y los bárbaros que usurparon el poder, luego me era fácil penetrar ya entonces las consecuencias. Todo ha resultado una predicción, hasta ciertos detalles. He predicho también el final que espero no me ha de defraudar. Por eso, para mí, este drama sangriento y apasionado, tiene un epílogo que me es conocido y mi tarea se reduce a ayudar al destino para que todo sea como está dispuesto.

Es así que trabajo todo el día y parte de la noche. Tengo contacto con miles de personas con quienes cambio semanalmente correspondencia directa o indirectamente. Nuestro servicio exterior es colosal, tenemos agentes en todos los países del mundo y organizaciones amplísimas en cada país, que no tienen ni para empezar con los paniaguados de la dictadura que hacen de diplomáticos para ocuparse de contrabandos, negocios y farras. Nuestra gente es idealista y exilados en cada país se ocupan de alma de sus funciones, no descansan y los tienen locos a los "gorilas" que hacen de embajadores del crimen, el asalto y el robo que allí se han enseñoreado. Pero todos saben aquí de quiénes se trata y cada día reciben una demostración de desprecio que tanto merecen. A nosotros, en cambio, en todos los países nos ayudan y nos hacen sentir mejor de lo que en realidad estamos.

Yo, con el descanso de este año de trabajo, estoy mejor que cuando estaba allí, bajo la acción de la intoxicación física y moral que la función de gobernar trae aparejada. Como a Usted han intentado varias veces hacerme atentados pero, como en su caso, Dios ha sido bueno conmigo. En Paraguay les falló porque la Guardia Nacional de ese país los tomó presos a todos los que merodeaban. En Venezuela se está diligenciando ya una intentona que ha caído también en las redes nuestras. No creo que tengan éxito porque, para matar por dinero, hay un grave inconveniente: que hay que salvar también el pellejo para disfrutarlo. Y éstos no disponen de un fanático que pueda hacerlo, que sería la otra forma. Por otra parte, nadie muere el día antes.

Disculpe la extensión de esta carta pero hace tanto tiempo que no charlamos desde los tristes días de la muerte de la pobre Eva, que ni siquiera en su tumba ha podido escapar a la criminalidad de estos vándalos, que no han querido desperdiciar la ocasión de aparecer también como miserables profanadores.

Le ruego que salude de mi parte a todos los amigos y compañeros que allí luchan por la causa que es de todos y les diga de mi parte que jamás he de volver a pedirles que eviten las violencias como sabía hacerlo desde la Casa Rosada.

Juan Perón

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Hace 59 años Perón le escribía a los compañeros del Movimiento Unificado de Obreros de la Construcción




Carta al Movimiento Unificado de Obreros de la Construcción (MUNOC) 28 de noviembre de 1959

Escrito por Juan Domingo Perón.

Ciudad Trujillo 28 de noviembre de 1959

Señores (Están los nombres de la primera línea borrados)

Carlos Alberto Pereyra, Jacinto R. Raschetti, Francisco Torres, Armando García, Ruperto Amaya, Blas Carballo, del M.U.N.O.C

Cangallo 2574 CAPITAL FEDERAL

Presidente Honorario Sr. Tte. Gral. Juan Perón

Mis queridos compañeros:

He leído con honda emoción la carta que me han hecho llegar Uds. informándome que me han honrado con le designación de Presidente Honorario del MUNOC, Lista Marrón Peronista que yo sé valorar en toda su significación, y que les agradezco profundamente.

Asimismo, mucho me complace que designación haya recaído en la persona del Generalísimo y Rafael Leónidas Trujillo Molina, que es el Jefe de Estado o inspirador de la conducta del Gobierno Dominicano qué más honor ha hecho a la hospitalidad y a la solidaridad, principios áticos que ha cumplido hasta con los extranjeros que han sido sus enemigos políticos, cuando estos reclamaron asilo en, dramática situación de perseguidos.

Doble motivo tengo, pues para expresarles mi reconocimiento y mi gratitud.

Espero que hayan recibido Uds. una carta despachada desde aquí en mano hace aproximadamente un mes, en respuesta a la que para la misma fecha me hicieron; llegar ustedes, con manifestaciones de afecto y solidaridad que yo retribuyo muy sinceramente, con todo mi corazón.

En la seguridad de que unidos todos nuestros esfuerzos libraremos al Pueblo y a la Nación de la iniquidad a que son sometidos por sus enemigos, y mientras llega nuestro reencuentro en ese día venturoso, con mis mejores deseos, y con mi afecto para todos, los compañeros del gremio, les hago llegar un gran abrazo.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Hace 49 años Perón le escribía esta carta a José Julio Jáuregui




Carta a Ing Jose Julio Jauregui (24 de septiembre de 1968)

Escrito por Juan Domingo Perón.

Ing. D. José Julio Jáuregui

Buenos Aires

Querido amigo:

Recién he recibido su carta del 28 de agosto pasado y lamentablemente no estoy en tiempo para remitirle la cinta magnetofónica que me pide para el congreso de la juventud que ya ha de estarse realizando, de acuerdo con lo que me dice en su carta.

Sigo con especial interés cuanto sucede allí, especialmente lo de la juventud, porque ello representa el porvenir. Me alegra mucho saber que por fin se unen y se organizan. Desgraciadamente, no puedo decir lo mismo del Movimiento que, en su rama sindical, parece cada día más anarquizado y dividido. No alcanzo a comprender las posiciones irreductibles de algunos dirigentes pues solo unidos y solidarios podemos pensar en soluciones de conjunto, que serán las únicas positivas. Hasta ahora la conducción táctica no ha conseguido, a pesar de sus esfuerzos, terminar con las facciones y las "trenzas" disociadoras y anarquistas, como si algunos pensaran que ellos podrán realizarse en un Peronismo que no se realice.

La masa está unida y sigue siendo casi unánimemente peronista. En cambio los dirigentes se dividen y enfrentan entre compañeros, lo que quiere significar que se trata de intereses personales y de círculo, no de la Clases Trabajadora ni del Movimiento. ¿Qué hay dirigentes malos? –estoy de acuerdo, pero el remedio es eliminarlos por el mejor camino y por el medio que sea, pero por sobre todo, es preciso alcanzar la unión peronista sin la cual no haremos sino favorecer a la dictadura empeñada, precisamente, en dividirnos como medio de intentar nuestra destrucción. Que existan malos dirigentes, no puede significar la necesidad de dividir a la Clase Trabajadora y al Movimiento Peronista porque este es un remedio peor que la enfermedad. Es preciso entender que el camino a seguir es el de eliminar a los malos dirigentes y acordar la unidad con los buenos (que también los hay).

La acción de la C.G.T. de los Argentinos me ha parecido loable siempre que la obsesión no los lleve a acciones irreparables que signifiquen la división y la anarquía de nuestras fuerzas en provecho de nuestros enemigos, porque siempre una Clase Trabajadora y una Rama Sindical del Peronismo unidas (aunque existan malos dirigentes), será para los fines perseguidos, mucho más eficaz que divididas en pequeñas fracciones como se encuentran en la actualidad.

Dentro de este panorama, hay que tener a la juventud en una aventura de la que no podrá salir después sino con graves complejos. Esta ha sido una de las causas por las cuales el Comando Superior Peronista ha procurado siempre mantener a la juventud un poco aislada y separada de la actividad política y sindical de menor cuantía, como son los enfrentamientos por intereses de personas o de grupos de ellas que no persiguen sino fines mezquinos, parciales y circunstanciales que, de persistir, no pueden tener otra influencia que hacer olvidar los grandes objetivos y la misión que nos hemos impuesto.

En la acción política, las posiciones obsesivas y los procedimientos irreparables, no suelen ser aconsejables en caso alguno. Se ha nombrado un Delegado del Comando Superior para que presida allí la conducción estratégica y vigile la conducción táctica ejercida por los organismos correspondientes del Movimiento. Ese Delegado ha recibido instrucciones del Comando Superior Peronista a fin de organizar la conducción táctica y el encuadramiento orgánico-funcional del Movimiento. No puede ser aceptable que, por cuestiones de intereses de las "trenzas" y las facciones, se deba enfrentar en esa conducción la oposición de los propios órganos que son los que más interés deberían tener en que nuestro Movimiento se organizara.

La Revolución que libere a nuestro país del imperialismo y al Pueblo de la dictadura militar que sirve los mismos intereses, necesita de todos, no solo de una parte de los peronistas considerados "buenos". Es preciso entonces que una vez por todas dejemos a un lado las fracciones, las trenzas, los sectores, etc., que nos han llevado hasta ahora a esfuerzos parciales, circunstanciales y divergentes, cuando no antagónicos. Si la masa está unida y es peronista, como podrá explicarse un día que sus dirigentes no hayan poseído la grandeza indispensable como para sacrificar pequeños y despreciables intereses en beneficio de la acción de conjunto.

Ninguna fracción por fuerte que se sienta y por pura que se considere podrá hacer nada por sí sola. Los éxitos del Peronismo durante los veinticinco años de su acción, ya sea en el comienzo revolucionario, como en el Gobierno y aún en la oposición, han sido posibles merced a un factor esencial: su unidad y su solidaridad. Lo que está ocurriendo es consagratorio para ese principio: frente a una dictadura sin capacidad y sin arraigo, que se caracteriza por los desatinos que comete sin solución de continuidad, vamos de desastre en desastre y de frustración en frustración en cuanto venimos intentando para combatirla. Las causas hay que buscarlas en el divisionismo suicida en que estamos cayendo y la falta de una organización adecuada que permita una conducción eficiente.

Esto debe conocerlo la Juventud para que no se incorpore inocentemente al juego de la disociación que es la lacra peor que haya azotado al Movimiento en lo que de vida tiene. El pretexto "de los buenos contra los malos" no vale como argumento porque tendríamos que invitar "a tirar la primera piedra" y veríamos que pocas manos se verían para ello. Es urgente y necesario purificar los cuadros de nuestro Movimiento pero, para ello, no puede ser remedio hacerlo destruyendo el Movimiento. Es aquí donde debe jugar la juventud y para que eso sea posible, es preciso que esa juventud esté incontaminada y no comprometida con los intereses parciales o circunstanciales de los distintos grupos que tanto mal están haciendo a la acción de conjunto del Movimiento y de la Clase Trabajadora.

La explicable apatía de una masa no interpretada y mal representada, no tendría importancia si contara con una organización y un encuadramiento adecuados, porque los males de los dirigentes de la conducción podrían ser neutralizados por la acción de los dirigentes de encuadramiento. En cambio, en nuestro caso actual, con una masa inorgánica y sin encuadramiento adecuado, puede llegar a ser fatal. He ahí justificado el empeño del Comando Superior Peronista por dar estado orgánico-funcional tanto a la Rama Sindical como a la Rama política del Movimiento. Por eso también, todos los que con distintos pretextos, se oponen a ello, producen el mayor mal que se le puede hacer al Peronismo en las actuales circunstancias.

Hay que alcanzar una organización, una preparación y una conducción que no importa que sean las mejores, basta que sean buenas, porque lo mejor suele ser enemigo de lo bueno, como está sucediendo en nuestro Movimiento, en el que muchos por hacer lo mejor terminan por no hacer nada que es lo peor que se puede hacer. Los grupos o sectores empeñados en prevalecer son la verdadera "manzana de la discordia". El Peronismo no es de nadie porque pertenece a todos los que lo forman y los sirven. Todos tienen derecho a aspirar lícitamente, pero no es lícito que para lograrlo, deban empeñarse en un combate despiadado contra sus propios compañeros, olvidando que tienen un enemigo a su frente y que es al que debemos combatir.

En fin, amigo Jáuregui, los que tienen la responsabilidad de encauzar la marcha de nuestra juventud, tienen también la obligación de impedir que entre ella se reproduzcan los males que estamos presenciando. Sin unidad, solidaridad, organización y conducción adecuadas, no se para nada que el futuro deba agradecernos. La experiencia que hemos recogido en el quehacer político, tomada objetivamente de los hechos mismos, es la parte más efectiva de la sabiduría en este campo y todos los que la poseamos tenemos la obligación de entregarla a los muchachos que toman nuestras banderas para llevarlas al triunfo.

Hay que despertar en la juventud el deseo de hacer y combatir pero para que tales virtudes sean positivas es preciso que antes comprendan la imprescindible necesidad de hacerlo orgánicamente, cohesionados por una indestructible unida y solidaridad y conducidos convenientemente con la mayor unidad de acción. Así, las virtudes individuales se suman, de otra manera de poco valen, porque se neutralizan entre si.

A un enemigo entronizado en el gobierno, con el poder de la fuerza en sus manos, no se lo puede combatir sino con un Pueblo organizado y conducido. El entusiasmo, que tanto vale en estas acciones, para que sea un factor positivo y efectivo de la lucha, debe ser canalizado convenientemente por la organización y la conducción. Ni la mística, ni la pasión, ni la decisión, ni el valor, tienen importancia cuando se emplean fuera de posibilidades efectivas, basadas objetivamente en los hechos mismos, porque en el exceso de cada virtud irracional sigue a continuación un defecto siempre negativo. Por eso, el que conduce ha de medir juiciosamente cada uno de estos factores, para emplearlos en su medida y armoniosamente como solían decir los griegos.

Si al entusiasmo y calor de la juventud, podemos agregarle la sabiduría de la experiencia, habremos conseguido nuestro objetivo fundamental. Para ello es preciso que, desde el comienzo de su acción consigan obrar con acierto porque, los errores que se cometen en los comienzos de estas operaciones, difícilmente pueden corregirse luego a lo largo de todos los acontecimientos.

Si algo lamento por no poder estar en el país es precisamente porque con ello no puedo aconsejar todos los días a nuestros muchachos. Tenemos una juventud extraordinaria, cuyos valores para que sean positivos, necesitan una canalización adecuada, porque el éxito no obedece a la fortuna como muchos creen: el éxito se concibe, se prepara, se planifica, se ejecuta y se explota. Poco de ello obedece a la casualidad o a la suerte, porque en gran parte el genio es trabajo.

No deje de hacerles llegar a todos ellos mi enhorabuena por lo ya alcanzado en la unificación y organización de la juventud. Ellos deben tener muy en cuenta que de su acción presente depende en alto grado el porvenir de la Patria y el destino de nuestro Pueblo. Deben pensar todos los días que el porvenir les pertenece y que de su quehacer actual depende sustancialmente ese porvenir. Le ruego asimismo que haga llegar a la juventud mi saludo más afectuoso con la exhortación más sincera hacia una lucha por los ideales que toda juventud tiene la obligación de encarar.

Un gran abrazo

Juan Perón

lunes, 5 de junio de 2017

El desviacionismo, según Juan Perón





Hemos tomado el poder; las masas son conscientes de lo que se está realizando. Pero qué ocurre: los dirigentes comienzan a tener dentro y fuera del dogma sus propias preferencias y luchan por ellas en vez de hacerlo por la ideología y la doctrina que dio razón de ser al movimiento revolucionario.
Esto no es nuevo. No se olviden de la revolución cultural china. Es en base de un proceso como este lo que nos está pasando a nosotros. El desviacionismo que se produjo en los primeros diez años, en la etapa dogmática, después de llegar al poder, llevó a la revolución cultural y a la limpieza que se hizo en China para tomar el camino que los condujera a la verdadera revolución que ellos ansiaban. Lo mismo ocurrió con la revolución francesa, que tuvo una etapa que duró cinco años. Ellos lo arreglaron con la guillotina.
Es también una manera de arreglarlo; pero las revoluciones pasan todas por estas etapas de intento de divisionismo, que obedecen más a los intereses personales de algunos dirigentes que a una verdadera desviación doctrinaria o ideológica. Por eso la masa normalmente está en lo inicial y son los dirigentes los que trabajan en la deformación. El peligro está, precisamente, en que esa masa sea engañada, porque eso no puede ser aceptado en una revolución.
Palabras del Presidente de la Nación, Teniente General Juan D. Perón, pronunciadas durante la segunda reunión con los dirigentes de la Juventud Peronista, llevada a cabo en la residencia Presidencial de Olivos.
14 de febrero de 1974

domingo, 4 de junio de 2017

Hace 65 años Perón asumía su segunda presidencia





Un 4 de junio de 1952 Perón asumía por segunda vez la Presidencia de la Nación, a partir de los resultados obtenidos en los comicios generales efectuados el 11 de noviembre de 1951, en los que se habilitó por primera vez el voto femenino, y donde el binomio peronista Juan Domingo Perón-Hortensio Quijano se impuso a la fórmula radical Ricardo Balbín-Arturo Frondizi por más del 60% de los votos.

 De esta manera, con el aplastante resultado de dichas elecciones y la consecuente asunción del líder del movimiento como Presidente de todos los argentinos, una vez más quedaba de manifiesto la fuerza de todo un pueblo que quería seguir en marcha hacia la definitiva construcción de la patria justa, libre y soberana.

sábado, 29 de abril de 2017

Se cumplen 46 años de esta carta de Perón al lobense Doctor Ratti



Carta al Dr. Luis Ratti 29 de abril de 1971
Escrito por Juan Domingo Perón.
Madrid, 29 de abril de 1971.
Al Dr. Luis Oscar Ratti.
LOBOS
Mi querido amigo y paisano:
Acabo de recibir su carta del 9 de abril y, con el pie en el estribo, la contesto. Luego de las reuniones que hemos tenido aquí con los dirigentes, he decidido hacer un corto viaje por el interior de España porque, los visitantes y los periodistas, me tienen a los saltos. Lo ocurrido en el país y la agitación que se ha hecho por ambos bandos, ha creado una espectativa que va mucho más alia de lo prudente en estos casos, por eso hay que hacer un paréntesis para desintoxicarse y poder pensar. Entre tanto las cosas volverán a su cauce y podremos contemplar la situación sin la actual incertidumbre y falta de noticias.
Muchas gracias por las informaciones que me hace llegar en su carta. Quedo en claro de todo porque me confirman con buena fuente, lo que yo antes ya había recibido e intuido. En cargos como el mío y en circunstancias como las que vivimos, es preciso intuir y a veces adivinar, lo que no es difícil si, como yo hago, se vive intensamente la situación en todo momento.
Espero que Paladino les haya informado la resolución que le entregué escrita para el Consejo Superior. Ello es parte de la resolución de conjunto, pero a Usted le debo agregar algunos detalles. Actualmente, tenemos tres grandes acciones empeñadas: la guerra revolucionaria como empresa a largo plazo y "por si las moscas" la conspiración militar-popular que se desarrolla actualmente en el Ejército, como empresa a medio plazo y, fi-nalmente, la lucha política de superficie que librarán Ustedes allí con el Ministro Mor Roig, personero actual de la dictadura militar.
Por principio las dos primeras acciones mencionadas, continuarán la lucha en la forma empeñada, en tanto comprobamos lo de "elecciones libres" y "juego limpio" que nos prometen. Si lo que la dictadura busca es engañarnos como lo han venido haciendo desde hace ya dieciseis años, nos quedará la posibilidad de seguir la guerra con las fuerzas actualmente empeñadas en otros sectores. Por eso "res non verba": nada depende de nosotros todavía en este sentido. Será la dictadura la que dicte su propio destino con sus procedimientos. Hasta entonces la única manera de no seguir siendo yunque y pasar a ser martillo, será la de conservar las fuerzas capaces de golpear cuando sea necesario o propicio.
Con los cambios producidos, no creo que haya cambiado nada y, en consecuencia, tampoco nosotros debemos cambiar nada de lo que tenemos empeñado. El tiempo, con sus mudanzas, será el que determine en último análisis, lo que deberemos hacer. Hasta entonces, será conveniente "desensillar hasta que aclare". La dictadura tiene la palabra por decirle así, aunque no será a la palabra a lo que nosotros contestaremos, sino a los hechos.
El Consejo Superior tendrá sin duda una gran tarea en el futuro inmediato que será él quien deberá resolver lo que la lucha táctico-política vaya imponiendo. Por eso creo que será prudente mantener muy a punto el organismo y "aceitar" mucho el mecanismo.
Le ruego que salude a los suyos. A mi regreso le escribiré más largo.
Un gran abrazo.
Firmado: Juan Perón.

martes, 4 de abril de 2017

Hace 43 años Perón les hablaba a los gremialistas cordobeses, en Olivos



PERON HABLA A LOS GREMIALISTAS CORDOBESES

"La organización debe ser gobernada y mantenida por los propios dirigentes gremiales."
JUAN D. PERON

Discurso pronunciado por el Teniente General Juan D. Perón el 4 de abril de1974, en la residencia presidencial de Olivos, ante los síndicalístas participantes en el Congreso Normalizador de la C. G. T., Regional Córdoba.
-Compañeros: Siento un intenso placer en recibirlos y conversar con ustedes.
El proceso gremial del país y el de las organizaciones sindicales, es un asunto que más o menos yo conozco. Hace
30 años que vengo galopando, por lo menos a la par; en consecuencia,
he sentido de cerca todo el proceso cordobés, no porque nos interese meter la mano dentro de los sindicatos, sino, para reconocer perfectamente el estado -diremos así que provocan algunas disensiones internas de la organización sindical, que son siempre peligrosas.

LA ORGANIZACION SINDICAL

En la organización sindical hay dos grandes peligros con
los que hay que terminar y suprimir de cualquier manera: primero, las disensiones internas y, segundo, que nadie de afuera meta la mano dentro de los sindicatos. Esa es una cosa fundamental.
A veces algunos compañeros me dicen que intervenga personalmente. Y o no haré jamás eso. Para mí, el sindicato designa a un secretario general que debe ser sagrado para el gobierno, y es con él con quien yo me entiendo o con quien deben entenderse las autoridades. Si hay alguna intervención que hacer en un sindicato, deben ser las propias organizaciones sindicales las que la hagan. Esa ha sido la regla que nosotros hemos establecido hace treinta años en el país. Que nadie meta las manos en el sindicato, porque de esa manera da lugar a que después todos quieran meterlas, y ese es el mayor peligro para una organización sindical. La organización, debe ser manejada, gobernada y mantenida por los propios dirigentes sindicales. Nadie lo hará, en reemplazo de ellos, de forma tal que la organización tenga nada que agradecer.
Por esa razón, estos problemas que al fin y al cabo se promueven entre compañeros, deben ser también arreglados entre compañeros. Cuando eso no se ejecute entre compañeros, el que debe intervenir es la organización sindical. Tienen una Confederación General del Trabajo que, oportunamente, cuando sea necesario, puede intervenir en la solución de los problemas comunes de los gremios.
Esa ha sido siempre la norma que hemos mantenido durante todos los gobiernos justicialistas. En este sentido, es un placer ver que ustedes, a trancos y barrancas, han llegado a normalizar un problema que sé que en Córdoba no es fácil arreglar. Sin embargo, el buen sentido ha triunfado, y la entidad ha salvado el principio de su organización monolítica.
Los que quedan afuera no tienen nada que ver con la organización sindical. Hay mucha gente a la que le gusta hacer rancho aparte. Que lo hagan, pero que no vengan a perturbar
la organización sindical; ellos no tienen ningún derecho aunque crean que son dueños de la verdad. De estos dueños de la verdad conocemos tantos que ya no pueden impresionar a nadie. El dueño de la verdad es el que trabaja para la organización sindical, para que sea monolítica y pueda seguir representando dentro del país un factor de poder. Si se dividen, cuando mucho serán •un factor de presión. Eso
y nada es lo mismo.

FACTOR DE PODER
Yo he estado en países donde tienen tres o cuatro centrales obreras. Eso es como el perro del hortelano; no come él ni deja comer al amo; ni resuelven su problema ni resuelven los problemas del país al que pertenecen. Solamente una organización como la nuestra puede llegar a representar un factor de poder.
Si no representa un factor de poder, la organización de la comunidad o la comunidad organizada deja de ser una realidad. La realidad de una organización y la de una comunidad organizada está representada, precisamente, por esos factores de poder que se equilibran, para que nadie pueda declararse dictador o querer gobernar por sí. Son estos factores de poder los que gravitan; y cuando lo hacen, combinan entre ellos la defensa de los intereses correspondientes. Porque en las organizaciones de las comunidades modernas se lucha por interés. No nos vamos ha tirar la suerte entre gitanos: los intereses son los que priman, y lo que hay que defender son los intereses.
Para defenderlos, se necesitan las comunidades organizadas.
Y hablar de comunidades organizadas no quiere decir que tengamos cuarenta partidos políticos. Esa es una política, quizá, desorganizada. Hay otros factores de poder que no .son los políticos y que deben gravitar decisivamente en la vida de la comunidad.

TODOS UNIDOS
Para que eso pueda realizarse y pueda seguir siendo factor de poder, las organizaciones sindicales deben mantenerse monolíticamente unidas.
Juntémonos dentro de los sindicatos y allí arreglemos los asuntos, aunque sea a sillazos, pero no en la calle; en la calle estemos todos unidos. Para mi esa es la base de la experiencia de toda mi vida.
Hay que darse cuenta de que cuando nosotros, en 1944, comenzamos a trabajar en el sindicalismo argentino, había tres centrales obreras y, en consecuencia, cuando son tres las centrales, es como si no hubiera ninguna. Los adherentes a esas tres centrales no pasaban de un millón de trabajadores.
Eso ha ido evolucionando y todavía no hemos hecho el esfuerzo total que debe hacerse para la organización.
Seremos alrededor de 7 u 9 millones y tenemos que completar, por lo menos, 10 millones. Entonces sí la organización será completa. Iv1ientras tanto, habrá que dominar a esos pequeños discordantes que siempre hay en todas las cosas, hasta en los bailes. No están conformes con nada y terminan muriéndose disconformes. Y lo único que no podemos permitir es que sigan disconformes, y se mueran disconformes.
Los que obedecemos a una necesidad objetiva de la organización sindical, estamos obligados a pensar que, primero, están las organizaciones -sindica les, después lo hombres,
y luego los dirigentes. La organización es lo fundamental.
Sin esa organización, no valen ni los dirigentes ni los obreros; en una palabra, no vale nada.
Se imaginarán ustedes cuánto es mi placer al poder ver aquí a los cordobeses -que son siempre medio peleadores
y discutidores- unidos en una organización.
Poco a poco será preciso llamar a los díscolos, que se se sienten incomprendidos. En la vida hay muchos que se sienten incomprendidos. Generalmente, los que no comprenden son los que se sienten incomprendidos. Entonces, pocoa poco hay que ir llamándolos y decirles que se dejen ele macanas
y que se agrupe n dentro de la organización. Porque dentro de elJa no es pecado discutir ni pelearse. Pecado es pelearse desde afuera. Dentro de la organización se puede discutir y se impondrá el que tenga la razón.
Cuando se procede así, en buen lenguaje se llama buena fe; cuando se procede de la otra manera, en buen lenguaje se llama mala fe, y la mala fe puede producir mucho daño
a la organización.

LO MEJOR, ENEMIGO DE LO BUENO

El compañero Otero, así como también el compañero
Adelino Romero, me han informado de cómo se han realizado las cosas en Córdoba. Se ha hecho una cosa buena, quizá no sea la mejor, porque lo mejor suele ser enemigo de lo bueno. Es bastante con que sea una cosa buena; ahora, tratemos de ir perfeccionándola de la mejor manera.
El perfeccionamiento es la segunda etapa de toda organización; el que desea formar una organización perfecta de entrada, generalmente se muere de una sed desconocida, porque al comienzo no hay ninguna organización que sea perfecta, todas son perfectibles.
Hay que organizar, y dentro de la organización, ir perfeccionándola todos los días.
Creo que la C. G. T. y las 62 Organizaciones cordobesas están en esa tarea. Ahora están organizados, de manera que hay que perfeccionarse y tratar de incorporar a toda esa gente díscola. Y o se que hay algunos que son irreconciliables, pero cuando esos se queden solos, no tienen mucho valor como tales.
Es el trabajo sincero de todos los días lo que puede llegar a computar, en general, una fuerza, que es verdaderamente la finalidad de la organización sindical.
Hay que establecer una fuerza suficiente como para seguir representando, dentro del panorama nacional, un factor de poder.
Compañeros: cuando miro hacia atrás, treinta años, veo lo que representaban los trabajadores y veo lo que representan hoy, me doy cuenta de la ventaja de la organización. En aquella época los trabajadores no contaban para nada ni decidían absolutamente nada; cuando hacían una huelga les daban unos palos y los ponían a trabajar. Esa era la realidad que he venido conociendo desde que tengo uso de razón.
Después de esa etapa, la o1rganización hizo sentir su fuerza,. que siempre es una fuerza positiva para el país, porque al fin y a cabo no debemos desconocer que los que todo lo hacen son los que trabajan, los vagos no construyen mucho para los demás.
Yo he visto el desfile de los años, siempre de alguna manera ligado a las organizaciones sindicales, trabajando con ellas y por ellas, y considero que esto es también un triunfo nuestro, de los que hemos estado desde el comienzo en la tarea de posibilitar que la clase trabajadora sea un factor de poder decisivo dentro del país.
Ningún trabajador que esté organizado y afiliado a las organizaciones sindicales, puede hoy negar que también él es un artífice del destino de todos, porque cada uno tiene su voz y su voto dentro de la organización y cada uno puede decidir de manera directa o indirecta el destino de los demás.
Señores: Alcanzar esto en una .organización sindical, no es cosa fácil. Y o, que he recorrido casi todo el mundo, no he visto nunca una organización sindical que pueda ser comparada con la nuestra.

VEINTE AÑOS ADELANTADOS

Me decía un día el jefe del gobierno italiano: "Ustedes están veinte años adelantados sobre nosotros. En Italia tenemos tres centrales obreras: una comunista, una socialista y otra demócrata-cristiana. Cuando no está en huelga una, lo está la otra; cuando no se pelean con el gobierno, lo hacen entre ellas. Socialmente esto constituye un caos". Y ahora digo yo: dentro de un caos social, no puede haber una solución económica, y todos estamos buscando que esas apariciones de caos terminen. Hay algunos que trabajan para eso.
Es cuestión de que nosotros trabajemos para lo contrario.
Cuando aparecen esos señores que todo lo ven mal, que creen que la organización sindical no es democrática, es porque ellos no son dirigentes. Generalmente, es por eso. No se qué más puede pedirse que lo que se practica en el orden sindical en la Argentina.
No hay ninguna otra fuerza que esté más democráticamente organizada que nuestra clase trabajadora, pues tiene orden, disciplina y, sobre todo, piensa en el triunfo de la organización y no en el triunfo ele cada uno, ni en las ambiciones o aspiraciones muchas veces indebidas de los hombres.
En la organización no decide el hombre, sino los hombres; ese es el principio fundamental. Que algunas veces sucedieron ciertas cosas, bueno, eso pasa en las mejores familias, como dicen algunos. Algunas cuestiones pequeñas pueden producirse, porque, claro, la lucha lleva a cuestiones que muchas veces son pecaminosas. Pero eso no enturbia, no desfavorece el bien final, que es el que se persigue.
Yo sé que los políticos trabajan. Esa es su misión. Ellos la efectúan, y hacen bien. Pero la organización sindical tiene su propia política, que no es la política de uno o de otro, sino que es la política de la organización. Por eso es que tenemos a las 62 Organizaciones, que son las que fijan y dirigen la política de conjunto de las organizaciones sindicales. La organización sindical debe seguir una política, desde el momento que es un factor de poder. No debe emplear el poder en forma indecisa ni brumosamente, sino sistemática y racionalmente, para lo cual tiene que estar organizada también políticamente.
Nadie escapa a la razón política, porque ésta es la que domina a las demás. No hay economía, ni tampoco orden social, sin política. La política es la que fija el camino. Los demás, lo recorremos. Esto no quiere decir que la política va a decir cómo caminamos. No, caminamos como queremos nosotros.
Hay un camino para todo, pero dentro de él, establecemos las condiciones: cuando caminamos, cuando descansamos, corremos o aceleramos el paso.
Pero -y esto es lo fundamental- si no recorremos todo el camino, el país es el que se perjudica. Y cuando el país se perjudica, nos perjudicamos todos.
Para poder realizarnos cada uno de nosotros, es necesario que primero se realice el país. Si el país no se realiza, es soñar con que uno ha de realizarse. Nadie se realizará en un país que no se realice en conjunto.
-Compañeros: no quiero seguir abundando en estos temas que sé que ustedes, dirigentes ya avezados y experimentados, conocen tan bien como yo. Sólo quiero tocar una melo~ día, que debe ser asimilable para todos. Y lo hago desde la
Presidencia de la República, porque esa es mi responsabilidad.

POLITICA SINDICAL

La política sindical la fijan los trabajadores, y yo tengo que respetarla, aunque no me guste. Por eso me han puesto a mí aquí. De la misma manera pienso para los demás .sectores.
Respeto a todos los que representan factores de poder y considero, en la medida de lo posible, a los que representan también factores de presión, pensando que unos son. los legítimos
y otros son excrecencias del sistema, que también deben ser respetados.
No voy a seguir abundando sobre esto, porque sé que ustedes lo conocen perfectamci1te bien. Solamente quiero felicitarlos por haber alcanzado a hacer en Córdoba -que no es fácil- una organización que reúne a lo fundamental. Ahora falta que trabajemos para ir agregando lo que queda fuera de esa organización fundamental, para fortalecerla y perfeccionarla. Para forta1ecerla y perfeccionarla como compañeros, eso es lo único que les pido que realicen. No olviden que en esto
-como dicen los italianos- es necesario acostumbrarse a tragarse un sapo. Cuando llega el momento de tragarlo, no hay más remedio que hacerlo. Ese sacrificio va siempre en bien del conjunto, que es lo que todo lo merece. Siempre he pensado así y siempre lo he realizado así, con éxito.
A veces vienen algunas personas a verme que, en realidad. les daría un puntapié y, sin embargo, les tengo que dar un abrazo.
La política .impone esta manera de ser, porque es un proceso cuantitativo. Tengo que llevar a todos, buenos y malos, porque si quisiera llevar solo a los buenos, voy a llegar con muy pocos.
El sindicalismo no escapa a esta misma premisa. hay una vieja máxima de los cristianos que dice: "Llegaron los sarracenos y nos molieron a palos, porque Dios ayuda a los buenos cuando son más que los malos".
La política obliga a eso, y la política sindical no escapa
.a las reglas del resto de la política.
Felicito a los compañeros de Córdoba y también felicito a los compañeros de la organización sindical central, de la
Confederación y de las 62 Organizaciones. Pienso que este tra~ bajo, de cualquier manera que se lo haga, siempre será positivo.
Unir y organizar, esas son las palabras de orden que defienden y hacen de coraza a las organizaciones sindicales. En ese trabajo deben empeñarse todos los dirigentes, tanto los de conducción como los de encuadramiento. Los dos tienen una tarea y no sé cuál de las dos es más difícil, si el acierto en la dirección, o el trabajo de todos los días para hacer factible la dirección. A los dirigentes de encuadramiento. hay que cuidarlos minuciosamente, pues desde allí es de donde salen los futuros dirigentes, y los que en ese sentido se olvidan de eso, en cierto modo renuncian al porvenir. Debemos prever, organizar y conducir para al porvenir. El pasado ya no cuenta; el presente está en marcha; lo importante es lo que ha de venir, es allí donde tenemos que poner la mirada. Por esa razón, los felicito y los exhorto a seguir adelante.

CORDOBA: CENTRO INDUSTRIAL

Sé que Córdoba es una provincia que no es fácil; sé que es una provincia con gran predicamento sindical y gremial, pero no debe olvidar que eso nos lo debe a nosotros. Cuando llegarnos al Gobierno, en Córdoba no había más que doctores.
Ahora hay trabajadores. Fuimos nosotros los que descentralizando la industria llevamos un gran factor industrial a Córdoba.
Esa provincia no nos pagará sino con muchos años de agradecimiento lo que hemos hecho con ella. La hemos transformado en un gran centro industrial y esa es obra exclusivamente nuestra. Fue el Justicialismo el que se acordó de que, al descentralizar la industria, teníamos que darle a Córdoba un coeficiente suficiente como el que tiene actualmente.
Todo lo que hay en Córdoba lo hemos hecho nosotros.
Y eso no deben olvidarlo los cordobeses. Si sienten gratitud, por cuanto hemos hecho, deben tener también una conducta que acompañe esa gratitud.
El Gobierno Justicialista ha hecho por Córdoba lo que no hizo ningún otro gobierno y esperamos que por gratitud, por lo menos, sean conscientes y sigan las reglas de juego que hemos fijado nosotros. En eso espero -sobre todo los peronistas, que son los que me han dado mas trabajo- que se pongan un poco de acuerdo también allí y gobiernen bien.
Afortunadamente, en ese sentido, no. he tenido mucho que intervenir, porque hemos dejado obrar en todas las elecciones a las fuerzas provinciales. Así como no quiero que nadie meta la mano en un sindicato, tampoco quiero que la metan en la provincia. Cada provincia ha de resolver su problema, y -' si se entierra, no ha de ser porque nosotros presionemos o hundamos.
Córdoba ha resuelto el problema por su propia vía. Cuando ya la situación se hacía insostenible, intervinimos nosotros.
Pero hasta ese entonces no lo habíamos hecho.
Todos los días venían políticos para que hiciera tal o cual cosa; incluso, nos pedían que interviniéramos. Si lo hubiéramos hecho antes, hubiese sido un dictador. En este sentido, nosotros hemos respetado todo eso. Todos los días nos ponían una cáscara de banana, pero nunca la pisábamos.
Ustedes vieron cómo se ha resuelto todo eso. Cuando ya no había gobierno, concretamos la intervención mediante una ley del Congreso y no por nuestra cuenta. Así fue como intervinimos, enviando a un hombre de nuestra confianza, que creo se está desempeñando bien y para el bien de Córdoba.
-Compañeros: Muchas gracias por esta visita y les deseo mucho éxito y mucha suerte en el futuro, que creo la van a necesitar.